Escenario A
La noche recién se cierra y ya comienza la gata del vecino a maullar sin parar. La experiencia comenta que gato que maúlla es porque quiere chichiqui. O chakachaka – según cuento popular cubano que va de monos. Me asomo al balcón con el ánimo de tirarle un pescado o un vaso de leche, pero no se ve. Sólo se escucha. Se presiente. Toda la noche miau varios días. Varios días miau toda la noche. Supongo, nunca una gata habrá arañado tanto grito, tanta infeliz frustración.
Escenario B
Un tío – que no es mi tío – se guardaba su cosita mustia al salir detrás de un vagón de escombros, de los que se ubican en la calle cuando hay obras en algún edificio cercano. Vestía bien, excepto que el tiempo fue en su contra y mostraba en su muslo derecho una gran mancha de líquido miccionado, de modo que su pantalón vaquero tenía una pata azul y otra negra. Era de día y hacía un insoportable calor. El tío – como un tío que tuve – avisaba con sus ojos rojos y su cara flácida, un estado de libertad insólito para hora tan temprana. Se movía tan lento que al pasar yo me detuve, por si necesitaba ayuda, o velocidad.

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