La pecera

A veces ocurre que uno está como en una pecera.
Se ve que Irán se fractura y la gente sale a la calle a exigir aquello que entiende les fue robado. El gobierno se apresura a prohibir noticias que no pueden controlar, prohibir fuentes de noticias, prohibir. El primer paso,  siempre, para salirse con la suya. Internet es la piedra en el zapato de los gobiernos, la verdad de que poco pueden hacer desde el poder.
Se ve  que ETA mata con una vileza inusitada, no por lógica. Su lógica insana de matador de toros, o creador de historias macabras. Narradora en excluyente persona. La viuda y los hijos sin lágrimas ante el público, más como mares en la intimidad. ETA, que en nombre de utopías inasibles, mata y remata sin piedad, bajo la falda de la Libertad.
El cristal se empaña y Cuba aparece con una mueca fea que da pena o risa. Raulito no aparece. Mientras, la gente se prepara –si es que tienen tiempo- para un segundo período especial. Secuela de una precuela de 50 años. La inconmensurable crisis cubana. La querida crisis cubana que, de tan perenne es casi familia. Y otros se quejan. Y otros no saben lo que es sobremorir en extrema existencia.
Se ve que el Madrid ficha huevos de oro porque entiende que su planeta es su club. E invita a los Bancos a comer las migas de la superficie. Los Bancos dan crédito a las alabanzas y a las promesas de futuro. Reinversión. Re-jodidos los otros que no dan crédito a la espeluznante tajada de Money. La sola comparación con la lógica raya el absurdo y lo grosero. Aquellos otros que con mucho menos o casi cero podrían sobrevivir en única existencia.
Corea del Norte hace burbujas nucleares en el agua. Juega “a que soy el mejor y puedo”, o, “la música la pongo yo”. Es el partido de la presión, una tubería de átomos acotada en una península. “Yo la tengo más gorda”. Comunismo rojo nucleónico. Pecas de armas en los cachetes que ruborizan. Preocupación mundial ante una deidad fabricada de ojos rasgados. Exclamación regional: ¡Buda mío!
Ocurre que a veces uno está como en una pecera, observando con los ojos abiertos, moviendo los labios en una articulación que no produce sonidos, y por tanto nadie oye. Y además, hay algas.

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