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El escritor Ángel Santiesteban, del blog  «Los Hijos que Nadie Quiso«, que viene siendo publicado en Cubaencuentro, ha sido golpeado en Cuba. El resultado es un brazo roto, así como rota definitivamente la (falsa) imagen amable del Gobierno cubano, para quién aún se crea «el cuento de la buena pipa», o, «la Revolución es justa».
La descripción íntegra del estado miserable de los delicuentes que agredieron al escritor se puede leer aquí.
Ahora y en este momento,  se invierte la política que Cuba viene esgrimiendo para desprestigiar a los que opinan y entienden que el sistema cubano es un fracaso total, llamándoles peyorativamente «delicuentes».
Los defensores del sistema reaccionario cubano golpearon a Ángel por un post publicado en su blog, donde este interpreta la forma en que escritores cubanos se alejan de la verdadera realidad cubana y así poder acceder a viajes, presentaciones de libros, o espacios para publicar en el país, como el ocurrido en México hace unos meses. También en otro post, Santiesteban, cuenta las ingentes dificultades para acceder a internet y poder escribir en su blog.
Olga Lidia Triana, la Vicepresidenta de las Relaciones Internacionales del Instituto Cubano del Libro, se despachó con el post de Ángel Santiesteban. Y el escritor respondió. Y la Seguridad del Estado cubano actuó. El conflicto, aún no resuelto,  tuvo trifulca «por las malas» como los perros de la calle. Cuchillo, palo, hueso, vigilante de la seguridad que sale de su escondite.
Historia aparte. Es comprensible el miedo innato que ya en las semanas de posibles abortos los cubanos aprenden. Pero lejos de interrumpir el aprendizaje, venimos al mundo de una isla que tiene en su lengua un nudo, y en su materia gris el tesoro-objeto intrasferible del Poder.
Los cubanos somos partículas que ante cualquier circustancia debemos ser dóciles. Según Raúl y Fidel, debemos callar, asentir, mirar como los caballos con cintas de cuero, hacia abajo mirando apenas la calle. El Poder ya se encargará, si así lo desea, darnos el pasto del día. ¡Y a callar!
¡No es juego! Va la vida en la determinación de mantener nuestra humana dignidad, y nuestra capacidad de crítica y opinión. En definitiva, nuestra capacidad de pensar y ser nosotros mismos.
¿Qué más debe pasar para que la comunidad internacional intervenga en un sistema tan inhumano como apocalíptico y férreo? ¿Acaso debe escuchar el típico sonido de un brazo roto? ¿Innumerables brazos rotos?

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