Acabo de leer esto.
Queda entonces la sensación de hallarnos en una nación o venir de ella, dónde la mierda flota y no hay quién la recoja. Y lo peor, siguiendo un poco el hilo del anterior post nostálgico, es que empiezo a recordar, o recuerdo el estado de ánimo de la mayoría de la gente que no tendrá voz, o tendrán voz electrónica y falsa como la prensa misma, la voz falsa y total ya insertada en la garganta del pueblo desde el nacimiento, como Matrix. Pobres capullos clonados de gusanos rayados como la tópica ropa carcelaria de Holywood. Pobre yo mismo que vagaba por el Malecón con el cerebro cocinado y sin ajos, repleto de hollín de cualquier FORD cádaver del 59.
Se trata de la libertad de pensar, y escribir. Pensar, pensar, comprender, y pensar. No que te piensen, como si fueses un inútil susceptible de que te piensen. No que te escriban lo que debes leer. No que te adivinen y te planten como un árbol en la Plaza de la Revolución. No que te cuenten como un número, primo, par, impar, real, imaginario, más, un mierdero número más para llegar al millón inventado que publicará el Granma. Cómo si importases una mierda, como si contansen contigo, aunque no estés, aunque vagues, aunque hagas un chiste sobre fidel con tus amigos y una botella de ron al final de la manifestación, allá dónde no llega la algarabía miserable de la tribuna, o llega como una carcajada.
Repito. Así como me repitieron cosas, inverosímiles cosas elaboradas tipo flan con los huevos que no comimos, aquellas cosas que no quería oír, por todos lados y digo Todos, en cualquier forma y digo Formas, como una plaga, una contagiosa epidemia de Revoldengue.
Repito. No a que te piensen como si no existieses. O sí. Todo o nada. La ruleta rusa afrocuabana de poner una palabra en tu sien, levanta las manos (o la voz) y te robo el alma, que te robo el Futuro querido apéndice no-pensante, aquel futuro que no vas a ver, aquel que te hubiese pertenecido de no haber nacido en la Matrix del Caribe, aquel futuro libre que vas a escuchar de revistas que no quiero que leas, el futuro-pasado de Kundera y Arenas que no quiero que leas, el futuro-presente de Vargas Llosa que no quiero que leas, el futuro-futuro de Luis Pardo, JAAD, Amir post-jinetero, Zoé Valdés cotidiana como es, que no vas a leer. Y si levantas la voz, te quedarás sin todos los posibles futuros, porque yo los administro y soy el dedo acusador que nadie absolverá, el padre y tu madre, la simbiosis perfecta, la creación antinatura, el Dios tropical.
Nada de tópicos pues. Nada de seguir en el juego que no escogimos jugar, el As impuesto, el Joker que espera su última sonrisa o antepone escrita en alguna vulgar y mimética publicación. Nada de «luchar» ni hostias semejantes, ni mierdas colectivas maquilladas. Nada que sustituya la mera capacidad que tenemos de pensar, lo que querramos o como entendamos o como hayamos vivido. Nada de nada. Nada, es nada.
ACRey