Harás tu vida
como quien
teje
gorros de
Navidad. Entre punto y
punto
la insorportable
ausencia que –
amor –
abrasa. Quema el frío del
cursor, y el teléfono
off de ring. Amor que siempre
estarás en el aire.

Casi prefiero
quedarme
on de record
en el coche
esa última
vez, húmedo
paisaje interior, todo
el universo
en el tacto, y
en los labios. Casi
recordarte
forever en cada
canción
de Apple. Amor que no sé
cómo curarme.

Harás tu vida
como quien
silba, o eso creo, yo
haré migas
de mi vida
que se escapa
a no sé
dónde. Quizás desaparecer
a simple vista,
hundido – amor –
perdido en el espacio
interior
de tu ausencia relevante,
atroz,
lapidaria.

Y aún son incomprensibles
los capullos, esas vainas
de esperanza. ¿Por qué?

Entonces vas
a un avión
de tierra
con la melancolía
a flor
de margarita
amarilla
y hermosa. Marchas
ahora, que
todo
era tan profundo.
Y la luz,
cuando eres luz – amor –
iluminada
de pendientes oro,
toda la luz
del mundo
como
al principio
en ti, y yo apagado. Otra vez,
en el vaho,
de la carreterra.

Madrid,
Oh Madrid será
tan
capital, tan distante,
que absorverá
tu alma
y tus pupilas
para siempre,
o para ratos de punto
en punto
como tejer, otra vez
calcetines rojos.

Zaragoza en cambio
será
una mota.
desierto
y caminos ciegos,
de la mano
del vacío interior
caleidoscópico
que me consume. Embriagado
de la tristeza
más triste.

Y aquí
estoy
sin
rumbo, ni concierto,
sin mapa.
Naúfrago,
frágil
como la puesta
de sol
en tu balcón. Fugaz.
Como fuegos artificales
también
que implosionaron
una vez. Amor no sé cómo
curarme.

ALANNAL 020824