N

Nunca he pensado en las longitudes del alma
cuánto abarca o cuánto soporta de ausencia a plomo,
como la famosa manzana de Newton que cayó más grave,
que la gravedad.

El amor es tan lindo como los Estados que lo integran,
así de esa manera la independencia del Principio llena de mariposas,
nada tiene que ver con el Estado Final dónde los pozos se comunican,
y las almas usan gafas y bastón.

Por el camino, el Estado del Medio es dependiente del amor, el cariño y el sexo,
y depende por tanto de cuánto te observé bajo el manzano de Newton, un día,
ese Principio que parece que fue ayer,
lleno de mariposas aún posadas en mi cuerpo.

Había una vez, que es el comienzo perfecto del alma y de la vida misma,
más que observarte te escaneé cada curva y cada iris,
para encontrar tu amor acurrucado como el gato escapado del rincón,
levantarlo a plomo, e invertir la gravedad.

Enamorarse es tan primitivo como hacer fuego con palitos.
Y parezco tonto.

Si amarte significa ser positivo en una pila alcalina,
te cedo mi polo, úsalo como quieras, es tuyo.

Ya ves, el amor es ciencia.

Si ser positivo implica amarte hasta que Murphy pida perdón por su estúpida Ley,
seré tan positivo como un Koala,
una criatura que no sabe lo que es el mal, ni el mar.

Los hombres te idolatran como faraona egipcia porque eres ingobernable.
Así te nombro Nefertiti, la mujer que no sabía de la gravedad de las manzanas.
Sin embargo, era ingobernablemente bella.

Y así podría seguir hasta la eternidad,
dejarme el pelo a lo Einstein y tomarme un trago con cubitos de helio.
Total, todo es relativo.

Podría parecerme a Obama y declarar la independencia democrática de tu alma,
el adalid de la Libertad con mujer y antorcha, ese fuego hoy
no tan primitivo.

Amar tu alma como un sorbete de limón,
y libarte, licuarte, sublimarte.

Amarte en todos los estados, y en todos los procesos,
en todas las referencias inimaginables de la ciencia del corazón.

Sólo porque no sé cuanto mide tu alma,
para que quepa toda en mí.

ACabrera 07/21