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La democrática naranja mecánica, o La cacofonía de la muerte

«No soy médico», dijo el oficial. «Y yo soy tonto, que lo que quiero es morirme», bien podría decir el exjoven de 15 años preso en la Base de Guantánamo, si aún le quedasen fuerzas para no llorar.

Leí en algún blog de alguien que el autor se autoidentificaba con la Democracia de Estados Unidos y con Aznar, dicho a bombo y platillo y hasta con orquesta sinfónica de fondo. Eso está muy bien. También me identifico con las Democracias y con algún que otro Presidente que usa de Zapato el número dieZ.

Y ahora que estamos posicionados. Me pregunto, pregunto, les pregunto a ustedes.

¿Qué hacemos ahora con las Democracias proselitistas de la guerra, de la muerte en el peor estadío de la muerte, como morir lentamente (un eufemismo), como ser matado lentamente (otro eufemismo), que van quitando cada capa de la moral de un hombre como si fuese una cebolla?
¿Qué hacemos ahora cuando a todas luces y con un mínimo de un nanomilímetro de frente, cualquiera puede saber que se miente en nombre de la Democracia de una manera atroz, para ir a matar y capturar cerebros y ponerlos en estacas en Guantánamo, a esperar a que se sequen como pasas?
¿Qué podemos hacer para que, en nombre de los que quieren Democracia sin color rojo-sangre, sin color rojo-ideas, no se vayan por ahí matando como si las vidas fuesen números negativos, o apresando gente al margen de todo margen, y por años sin defensa de ninguna índole, y escondiéndolos en unos trajes naranjas como exaltación real de la intransigente película de Kubrick?
¿Cómo las Democracias que son Democracias se callan tan espantosamente de una manera tan democrática acerca de lo que ocurre en Guantánamo que va en contra de cualquier elemental rasgo de decencia Universal? ¿Porqué? ¿Porque protegen a sus propios pueblos, ciudadanos, en nombre de todos, de la furia militar enajenante que roza la ciencia-real-ficción? ¿Porque el castigo económico puede ser tan duro que luego haya que sacar la mano por los barrotes para pedir agua, o arrastrarse hasta el pozo y sacar una estrella líquida del fondo?

El hecho es tan grave, que no vale (unidad moral no monetaria) hablar bajito como tal vez, quizás, pueda haber hablado algún país. El asunto de fondo es tan grave que inflige miedo o pavor el sólo pensarlo.

Después del 11S, hecho detestable, ruín, y todos los adjetivos-sinónimos al horror posibles dentro del diccionario español, Estados Unidos tuvo la excusa perfecta para, en nombre de casi todas las Democracias, o la suya propia como punto de partida, hacer del Hombre una cosa amorfa, opáca y sin sombra, o un muñeco de batería de litio, o en versión antigua, hacer del Hombre un Pinocho de madera e hilos con la diferencia de que la nariz crece hacia dentro de no decir la verdad. El ejemplo, más reciente, este exjoven de la Base de Guantánamo que sale a la luz pública como si nadie hubiese sabido antes lo que se podría estar cometiendo allí dentro. Y aunque me pese de aburrimiento daré otros ejemplos como las torturas de las cárceles de Irak, la propia Guerra de Irak por encima de la ONU, las cárceles-torturas clandestinas en varios países para eludir la crítica o los márgenes internacionales, la figura «combatiente enemigo» (extrapolable fuera de sus fronteras) que de tan cómico es mejor morir de una bala que de risa, las muertes de periodistas en Irak a manos de militares made in américa, como José Couso, y otros.
La lista, «conocida», es digna de alguna película de terror de los años 50, asombra ver cómo escamotean la moral y el honor de las naciones democráticas, y hasta la moral de los medios de comunicación.
Ahora imaginen, la lista «desconocida», la que aún no se sabe, la que ellos están ahora mismo escribiendo. Es previsible. La relación de estas noticias es como si la última siempre superase a la anterior. Así que la próxima lista puede dar pánico o ser recomedables sólo para mayores de 18 años.

ACRey

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