En un sentido esa vida que va sin más,
como cruzar un paso de cebra en Japón.

Neón pues en los ojos,
y en el alma la algarabía de una ciudad loca y deconstruida.

El tiempo es el estado agnóstico de las orugas,
hasta que por fin mariposas de colores, vibran,
en el centro de tu existencia.

No se sabe quién habla cuando los pájaros cantan,
ni cuando se erra en un bar de buena muerte.
Yo siempre estaré en la barra enfriando cafés,
mi amor.

La soledad deshilachada que aún así teje un gorro
a la luz de la luna,
aullar como los lobos,
coyotes de los Monegros que no sé si existen.

Tierra blanca anemia de una vida consciente del tiempo,
estirado como un chicle en una pared de casa.

Cualquier cosa será menor, mi amor,
pues yo siempre estaré en la carretera
contando camiones.

ALAN100723