Me gusta conducir. Es un hecho. Y, de hecho, este comienzo no forma parte de la famosa publicidad del coche y la mano al aire por la ventanilla. Me gusta conducir. Simplemente.

Me encanta ver como aparecen paisajes en el cristal del coche como si fuese un videojuego en primera persona. Las luces que toma el sol cuando se pone, como ayer. Luces rojas en el horizonte. Pero conducía, y se perdieron. Nadie sabe hasta cuándo.

Cuando bajo del pueblo de Agüero hasta Zaragoza, a veces tomo el camino largo, o el poco transitado, el camino de las grullas de estación y el de los campesinos a tractor. El camino sinuoso del Embalse La Sotonera que sale directo al pueblo Almúdevar, a los pies de la autopista. Y esta vez con premeditación y alevosía estaba dispuesto a cazar fotos.

Hace dos años hice lo mismo. Y lo recuerdo especialmente porque el Embalse estaba tan seco que se podía caminar casi hasta el medio. La foto de la valla rojiblanca que impide el paso era un desierto entonces adornados con vaqueros fantasmas y lagartijas.

Ahora hay agua suficiente. Vi algunos pájaros que no me atrevo a mencionar por ignorante. y había una luz de fin del mundo, que no podía dejar pasar.

AC Fotografía

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