Tienes página de empresa en Facebook. ¿Utilizas tu “página de empresa”, visitas aquellas páginas que un día dijiste “me gusta”?

Cuando llegué a Facebook, por motivos obvios de cercanía a los míos, ya que estaban desperdigados por el mundo, no podía imaginar que la Red mutaría hacia un ecosistema de empresas y negocios buscando “followers” como locos, aún a sabiendas, muchas de ellas, de hacer trampas.

Muchos olvidan que Facebook nació para hacer amigos, no para comprar, a pesar de que la Compañía ha hecho ingentes esfuerzos para captar empresas que compren publicidad, y que los usuarios (clientes) terminen comprando productos o como mínimo uniéndose a una página de empresa con el famoso “me gusta”.

Ejemplos de empresas que han renunciado a la publicidad en Facebook hay varios. Uno de los más sonados el caso de GM justo antes de que Facebook saliese a bolsa.

Pero -te pregunto como usuario- ¿a cuántos “me gustas” das en la semana? ¿Cuándo vuelves sobre tus pasos para visitar esa página a la que dijiste “me gusta”? ¿Has comprado alguna vez en esa empresa que hiciste click “me gusta”? ¿Qué sentido tiene pues tener una colección de páginas a las que un día dijiste “Me gusta”?

Diría que el 80 % no vuelve a visitar la página en un año o más. Y de esa increíble masa de gente muchos menos compran en la empresa. ¿Por qué?

Reconozco que como consumidor no soy un patrón a medir porque compro poco y entiendo todo aquello que me quieren vender y no necesito, la forma, y los recursos que emplean las empresas para ello. ¿Pero, el resto de la gente compra en empresas a la que dicen “me gusta”?

Hay algo claro en Marketing y es la teoría del embudo. Si hay mucha gente en el supermercado, habrá una fila, y de esa fila alguien comprará. Eso deben pensar los que compran bases de datos con Fans para sus páginas. O los que se crean perfiles falsos para hacer como que alguien interactúa con dicha página de empresa.

Parece absurdo comprar gente que no han mostrado el más mínimo interés por mi empresa. Y más absurdo si cabe que después de tenerlos no alimentes sus expectativas en modo de información entretenida y útil, que a día de hoy es la principal energía de Internet. Pero sabemos, por esa naturaleza humana que nos sobreviene, que si alguien pasa por un sitio y ve mucha gente, una de las primeras respuestas es: “será por algo” Y allá va el apresurado click: “Me gusta”.

Una gran empresa con grandes recursos quizás pueda permitirse esto, pero ¿una pequeña empresa, una Pyme, un Autónomo puede darse el lujo de comprar fans como caramelos, y no hacer nada en su página, o hacerlo mal? ¿Puede darse el lujo de comprar perfiles falsos engañando a sus clientes haciendo ver que un producto es bueno? ¿Esto no sería también publicidad falsa y punible como suele suceder con los anuncios de televisión cuando no son objetivos, creíbles, o incumplen la promesa de venta?

¡Atentos! Por ejemplo. Google ha tomado medida con los sitios web que no hablaban de verdad de lo que ofrecían, de los que engañaban al buscador para posicionar blogs, de los que hacían SEO negro. Google ha mejorado su algoritmo de búsqueda y ha creado software que filtra el mal contenido y los malos sitios web.

Es probable que pronto veamos soluciones semejantes en Facebook o Twitter, ya que pasa más de lo mismo. ¿No sería lógico desconfiar de aquel tuitero que sigue a miles de personas y un día te sigue con el objetivo oculto de que le sigas tú?  ¿De verdad estará atento y receptivo a lo que tú como persona o empresa puedas aportar?

Puedes decir “Me gusta” a una página porque realmente lo vale, es entretenida, espectacular, te llena, te dice algo. Pero hacerlo como si fuésemos robots no merece la pena.

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