Hace ya tiempo vengo observando el sobreuso que se hace de los filtros de Instagram. Entiendo que ahora cualquiera al usar la aplicación puede hacer fotografías aceptables, al simplificar el proceso de edición de la foto a un click.

¿Pero qué pasará cuando veamos que las mayoría de las fotos en las redes sociales estén cortadas por la misma tijera? ¿Cómo apreciar entonces entre tanta igualdad de filtros las mejores fotos? ¿Dónde quedará pues la originalidad?

El Arte en cualquier disciplina, es arte porque destaca por encima del resto de trabajos, porque transmite innovación, visión de su autor, o responsabilidad social.

Ahora otros gigantes de Internet como Twitter, Google, o Yahoo, se suben al carro de los filtros, en algo que ya tiene un nombre pomposo como “La guerra de los filtros”. Puedes seguir el hilo de la batalla en este otro post de Enrique Dans.

Lo que está claro, ante tanto filtro, es que el éxito de una foto dependerá en gran medida de su inmediatez o exclusividad del momento y en la composición de los elementos que integran la foto.

O dicho de otra manera. La visión fotográfica, el ojo fotográfico de quién toma la foto no se puede convertir en filtro. Y para estos tiempos, ahí reside el arte de la fotografía.

AC Fotografía

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